Se cumplen 62 años de la muerte de María Eva Duarte de Perón.

Se cumplen  62 años de la muerte de María Eva Duarte de Perón el 26 de julio de 1952, a los 33 años de edad de cáncer de útero.

Eva Perón, a 62 años de su fallecimiento.

Evita padecía de cáncer desde dos años antes y al momento de morir pesaba 38 kilogramos y tenía el mal ramificado por todo el cuerpo.

Falleció a los 20:23 de la tarde pero la hora se estableció en las 20:25 para dejarla fijada en la memoria. El anuncio de su muerte, a pesar de lo esperado, tomó por sorpresa a mucha gente y desató una fuerte corriente de pasiones y adhesiones sobre todo de los más humildes.

Sin embargo, la pasión desmedida que había por aquellos tiempos hizo que alguien escribiera en el obelisco, con tinta negra, la leyenda “viva el cáncer”.

Las 20:25 fue la hora en que Evita “pasó a la inmortalidad” designada desde entonces como “jefa espiritual de la nación”, título honorífico que había recibido días antes. Si bien Evita era muy querida, una medida innecesaria e irritativa obligó a poner crespones negros en las luminarias de las calles y llevar luto obligatorio a todo el mundo, incluido los niños.

Evita murió un sábado frío y lluvioso en Buenos Aires.  Los teatros y los cines levantaron sus funciones y los grandes comedores bajaron sus persianas. El duelo oficial se prolongó hasta el 11 de agosto, cuando sus restos, embalsamados por el médico español Pedro Ara, fueron depositados en el edificio de la Confederación General del Trabajo

Se suspendieron los partidos de fútbol, las carreras de caballos y los bailes. La única actividad pública permitida fue la proyección de una película frente al obelisco. “Eva Perón, eterna en el alma del pueblo”.

El velatorio se realizó en el Ministerio de Trabajo y Previsión y luego se trasladó al Congreso de la Nación. Desde el oficialismo abundaron pésames para todos los gustos y sensibilidades. Algunos la compararon con Isabel la Católica, Juana de Arco y Maria Curie; otros le reclamaron al Papa la canonización. Juanita Larrauri dijo: “Jamás tantos lloraron con tantas lágrimas una pena tan honda para su corazón”.

El secretario de la CGT, José Espejo, propuso que el velorio que se estaba haciendo en Buenos Aires se repitiera en cada capital de provincia. La iniciativa no prosperó, pero Borges se inspiró en ella para su poema “El simulacro” expresa el clima de aquellos días.

Si bien la muerte de Evita fue motivo de manipulaciones y especulaciones políticas de oficialistas y opositores, algunas miserables, la verdad es que fue llorada con desconsuelo, amor y pasión. Ninguna especulación hubiera valido sin su popularidad que se extendía a grandes multitudes

odas las mujeres que han intervenido en política después de ella han intentado imitarla. María Estela Martínez quiso hacerlo y se hundió en el ridículo. Cristina Kirchner intentó hablar en la plaza enronqueciendo la voz, pero no tiene magia y eso no se compra ni con todo el oro del mundo. Como está escrito desde hace siglos en un célebre frontispicio: “Lo que natura non da, Salamanca non presta”.

De la misma manera, después del “´proceso” genocida, hubo algunos de sus máximos responsables que intentaron tomar el modelo de Perón para prolongarse en la política, por ejemplo, Emilio Massera y Leopoldo Galtieri. Ambos quisieron convertirse en una suerte de “Peroncitos” pero la realidad les mostró la otra cara.